Reportajes

¿La ganadería catalana, es competitiva?

07-09-2010 FCAC

Por Ramón Armengol y Josep Erra, responsables de Ganadería y Piensos, respectivamente, de la FCAC.

La preocupación del sector ganadero aumenta proporcionalmente a los precios de los cereales, que han registrado en los últimos meses fuertes incrementos con la excusa de la sequía sufrida por Rusia, todo y que el incremento del 17% de cosecha de cereal en España y una ligera disminución de la demanda tendrían que contribuir a su moderación. Las importantes oscilaciones en las cotizaciones no siguen la lógica de la oferta y la demanda, son fruto del juego sucio de los fondos financieros internacionales que han entrado con ánimos especulativos en este sector. Cada día pesan más los rumores y la manipulación de los datos a la hora de fijar los precios en las lonjas debilitando y creando incertidumbre en la economía agroalimentaria.

Con un coste que supera el 65% del total de los input, la alimentación es el principal gasto de los ganaderos, y los cereales constituyen el 80% de la ración. En los próximos meses los ganaderos tendrán que asumir incrementos del precio del pienso de 30 a 40 euros/tonelada, con el problema añadido que cuando los precios de las materias primas superan los 180 euros/tonelada, difícilmente se pueden trasladar a lo largo de la cadena alimenticia, ante la política de la distribución de imponer precios bajos a sus proveedores con el fin de mantener sus márgenes de beneficios y que es claramente insostenible.

Los ganaderos se encuentran delante de un nuevo escenario de pérdidas que no permite salir de los números rojos desde el 2008. Con esta coyuntura, que últimamente se repite de manera cíclica, hay que ver qué podemos aprender y qué iniciativas se pueden aplicar a corto y largo plazo para aliviar la situación y ser menos vulnerables.

En primer lugar, Bruselas ya tendría que haber licitado los seis millones de toneladas de reservas públicas de cereales para dar un mensaje claro de que no se puede someter un sector tan estratégico a los caprichos del mercado. A la Hora de la verdad, en el último comité de gestión, esta licitación se pospuso, por la presión de Alemania y Francia, con la excusa de no inducir a una lectura equivocada de carestía de cereales.

La Administración tiene en sus manos la aplicación de toda una serie de medidas que pueden contribuir a mejorar la competitividad de la ganadería y a minimizar las debilidades de un sector que, en el caso del porcino y las aves de corral, no recibe ninguna ayuda ellas directo:

- Mantener una red de seguridad que permita disponer de reservas suficientes para garantizar la disponibilidad de cereales en momentos de crisis o precios inestables.

- Potenciar una Política Agrícola Común sólida, como instrumento que garantice la seguridad de abastecimiento alimenticio y contribuya a completar la renta de los agricultores; es precisamente gracias a la PAC que la sociedad puede disfrutar de alimentos a precios asequibles.

- Eliminar la prohibición de uso de las harinas de carne permitiría ahorrar 120 millones de euros en poder disponer de diversas fuentes de proteína a precios competitivos, aparte del beneficio medioambiental que supondría su reaprovechamiento.

- Promocionar el cultivo de cereales y proteaginosas en los nuevos regadíos que afortunadamente se han ido implantando contribuiría a ampliar la oferta cerealística y a reducir la actual dependencia de las importaciones que supera los cinco millones de toneladas anuales.

- Fomentar sin complejos la investigación y el cultivo de nuevas variedades de cereales, sean o no modificadas genéticamente, para conseguir mejoras en productividad, calidad nutricional y resistencia a plagas y enfermedades. En los EE.UU., recientes estudios muestran cómo la tecnología ha contribuido a conseguir, en los últimos 80 años y con menos superficie cultivada, rendimientos de maíz un 250% superiores a otros cereales como el trigo, a los cuales se han dedicado menos esfuerzos de investigación.

- Imponer la reciprocidad en las relaciones comerciales con países terceros, es decir, competer en las mismas condiciones en cuanto a los sistemas de producción de toda la carne que se importe.

- Unificar criterios entre estados miembros porque, después de la seguridad, los costes tienen que ser la prioridad. Exigencias como la carga máxima del transporte por carretera, que aquí es inferior a la de otros países como Holanda, Alemania o Dinamarca, o los elevados gastos de la operativa en los puertos, contribuyen a incrementar los costes de sectores decisivos como son los cereales.

- Revisar todas aquellas normativas, como la de bienestar y transporte animal, y trámites administrativos que implican cargas económicas para el sector y que consecuentemente restan competitividad.

- Potenciar la investigación de nuevas tecnologías en el ámbito del procesamiento de los cereales, con el objetivo de incrementar la eficiencia del sistema en un escenario en que los precios de las materias primas y los costes energéticos son cada vez más elevados.

- Crear un pool que aglutine empresas y cooperativas del sector, igual en los existentes en países como Holanda, para disponer de una plataforma que conjuntamente con los organismos públicos de investigación, lleve a cabo proyectos de investigación de largo recorrido.

- Este pool tendría que disponer de potencial suficiente para poder concentrar demanda y disponer de capacidad de negociación en el mercado internacional cerealístico para reducir la dependencia de los mediadores.

- Disponer de buenas infraestructuras que fomenten y faciliten la circulación de mercancías desde los puertos hacia los centros de consumo. Es vital desencallar las obras de la autovía Tarragona-Montblanc y el desdoblamiento del Eje Transversal como puente entre producción y transformación.

De esta larga crisis, tanto la Administración como el sector tenemos que aprender que hay que actuar antes de que sea demasiado tarde. Es necesario establecer un equilibrio entre el coste de producción y la venta de los productos, además de asegurar la transparencia de la cadena de valor de la carne. Sólo así podremos continuar subsistiendo todos los agentes que integramos una agro-industria que genera miles de puestos de trabajo, directos e indirectos, actividad en el conjunto del territorio y que ha evidenciado su viabilidad frente sectores industriales menos competitivos, siendo el primer motor de la economía catalana.