Reportajes

El campo hace un llamamiento a favor de la recuperación de Europa

03-11-2016 COPA-COGECA

Por Martin Merrild, presidente del Copa, la organización de los agricultores y ganaderos europeos.

Es hora de pasar a la acción. Se debe superar la herida abierta por la globalización entre, por una parte, ciudades en plena expansión y, por otra, el medio rural. Los responsables políticos y los agricultores europeos deben buscar ahora soluciones que permiten a las zonas rurales de Europa recuperar su prosperidad.

En Europa y en América también estamos asistiendo a una nueva división peligrosa entre algunas zonas urbanas florecientes y las áreas rurales.

El Brexit es el ejemplo más reciente, en algunas zonas rurales de Inglaterra y Gales se votó con una aplastante mayoría a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, en parte debido a una falta de comunicación sobre lo que significa realmente el Brexit. Las encuestas semanales realizadas en el marco de las elecciones presidenciales de Estados Unidos reflejan un similar sentimiento de protesta desde las llanuras del Medio Oeste, mientras que los Estados costeros se preparan para la victoria de los Demócratas. No se espera que el sentimiento antiglobalista alimentado por furiosos seguidores de Trump desparezca rápidamente porque está fuertemente arraigado en la división entre las zonas urbanas y las zonas rurales. Debe atenderse esta brecha si se quiere salvaguardar el orden internacional liberal de libre comercio y de libre circulación de bienes, capitales y personas que nos ha traído tantas cosas positivas.

En Europa, los agricultores están enfadados debido a todo el papeleo de Bruselas y están desilusionados al ver que los intentos de simplificación de la Política Agrícola Común (PAC) y sus componentes verdes restringen aún más sus métodos de producción de cultivos. Esta frustración es una fuente de euroescepticismo, un fenómeno que es una falsa respuesta a las auténticas preocupaciones. Pese a sus imperfecciones, la PAC y el mercado único resultante aspiran a la igualdad de condiciones en términos de competitividad, contrariamente a la alternativa que consistió en 28 políticas agrícolas y regímenes comerciales nacionales.

Comerciamos más allá de las fronteras y queremos vender nuestros productos en los mercados mundiales de América y también de Asia. Por consiguiente, los agricultores salen muy beneficiados con los acuerdos mundiales de libre comercio, y pedimos la rápida conclusión de las negociaciones con Japón y la pronta aplicación del acuerdo con Canadá.
Sin embargo, debemos abordar en paralelo las preocupaciones del medio rural en su conjunto, que en muchos casos se ha convertido en una escena de descontento.

La adopción de la Declaración de Cork a favor de ‘Una mejor vida en las zonas rurales’ fue acogida favorablemente por los agricultores europeos y las cooperativas agrarias del Copa y de la Cogeca. Constituye una importante orientación para el desarrollo de la política que aborda las necesidades de toda la población rural, es decir más de la mitad de la población de la UE.

Desde la época de Thomas Jefferson en América, que predijo el éxodo rural, y la revolución industrial en Europa a finales del siglo XVIII y a principios del XIX, la evolución tecnológica ha dado lugar a una intensificación de la agricultura, que a su vez ha transformado nuestras zonas rurales. Para los agricultores, esta evolución ha sido sinónimo de aumento de la producción pero también de disminución de sus márgenes por unidad producida – por kilo de carne o cereales, por litro de leche o vino. Pues aunque somos 23 millones de agricultores en la UE, esto es mucho menos que antes. Se ha producido un éxodo del medio rural hacia las ciudades, y para las pocas comunidades rurales que quedan, este desarrollo estructural ha desencadenado una espiral negativa y ha provocado desinversiones en la infraestructura, los negocios y los servicios públicos.

Por esta razón, nuestros responsables políticos, nuestros agricultores europeos y nuestros vecinos deben trabajar juntos para fortalecer nuestras comunidades. Debemos sentar los cimientos de un desarrollo económico más sólido. En este respecto, es fundamental el apoyo europeo a la inversión en las zonas rurales y las mejoras tan necesarias a las infraestructuras para superar la brecha digital, tal y como ha sido reconocido en la Declaración de Cork, como lo son también las políticas nacionales dirigidas a sacar los puestos públicos de las capitales para dar un nuevo impulso a las comunidades rurales.

El agricultor moderno tiene con frecuencia un socio que no quiere quedarse en casa y ver su papel reducido al de cónyuge auxiliar como en el pasado. Su socio quiere encontrar un empleo en la proximidad. Por esto debemos crear más puestos de trabajo en los municipios y en las ciudades rurales. Y no hay mejor manera de crear empleo que desarrollar nuestras empresas agrícolas, nuestras cooperativas agrarias.

Desarrollar las cooperativas agrarias para crear empleo
En toda la UE, son muchos los agricultores que deben afrontar prácticas comerciales desleales por parte de los distribuidores. Demasiado a menudo se trata a los agricultores de una manera irrespetuosa por no decir que se les explota de manera vergonzosa. Es importante contar con un marco reglamentario que proteja a los proveedores. Pero los agricultores pueden también reforzar su posición en la cadena alimentaria uniéndose a cooperativas sólidas, capaces de añadir valor a sus productos, tanto tradicionales como ecológicos. Para alcanzar este objetivo y lograr vender grandes cantidades de productos agrícolas a precios equitativos no dictados por los distribuidores, debemos desarrollar más nuestras cooperativas para que puedan estabilizar la renta de los agricultores y crear más empleo en las comunidades rurales.

Dándonos cuenta de que la brecha entre las zonas urbanas y rurales viene explicada por fundamentos económicos desiguales y que la globalización privilegia el desarrollo en las zonas urbanas en detrimento de las zonas rurales, es también esencial abordar las preocupaciones de la mayoría rural de Europa mediante la adopción de nuevas medidas políticas concretas.

Si modernizamos la PAC para afrontar el gran reto del cambio climático, ¿entonces por qué no incentivar esas zonas y hacer que sean más accesibles para las personas, fomentando al mismo tiempo el turismo rural? ¿Por qué no emprender y facilitar inversiones a gran escala en el medio rural, y abordar las disfunciones del mercado que en la actualidad impiden a los emprendedores en las pequeñas ciudades obtener préstamos para realizar inversiones, so pretexto de que conllevan más riesgos en las zonas rurales que en las zonas industriales urbanas situadas junto a las extensas autopistas de las capitales?

El Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (FEIE), cuyo mandato es aceptar inversiones de riesgo especial para crear empleo y fomentar el crecimiento, debería hacer más para abordar esta brecha entre las zonas urbanas y rurales.

El fomento del turismo agrícola y la revitalización de las ciudades en Europa no son un llamamiento en favor de un retorno a una vida rural idílica que algunos creían que existía hace medio siglo. La agricultura moderna en Europa experimentará un enorme desarrollo tecnológico durante las próximas décadas; el uso de satélites en el marco de la intensificación sostenible de la producción y la agricultura de precisión y, en un futuro muy próximo, los drones, desempeñarán un importante papel en nuestros esfuerzos para producir más alimentos para la población mundial con menos insumos medioambientales. Por esto, la política climática de la UE debe brindar también adecuada flexibilidad a la agricultura y reconocer nuestro limitado potencial de mitigación.

De hecho, cuando se trata de la necesidad de investigación, innovación y desarrollo a nivel de la explotación agrícola, nuestro sector se convertirá en el líder de la alta tecnología en Europa.

En nuestros esfuerzos a favor de la promoción de la prosperidad en las zonas rurales deberíamos implicarnos más con la sociedad que nos rodea, intentar aprovechar el potencial de las zonas rurales y abordar los mayores retos de la sociedad como, por ejemplo, la integración de migrantes en nuestras comunidades. Esto se ha recogido también en la Declaración de Cork.

La UE necesita una política agrícola fuerte y un presupuesto creíble para el período después de 2020. Debemos garantizar que se dé la mayor prioridad a las medidas de desarrollo rural ya existentes en el seno de la PAC para ayudar a afrontar estos grandes retos de la sociedad. El establecimiento de este marco permitirá a los agricultores europeos contribuir a la reconstrucción de nuestra sociedad y a la revitalización de nuestras zonas rurales frente a la globalización al tiempo que ayudará al planeta a tratar el problema del cambio climático.


*Martin Merrild (DK), de 61 años, es agricultor en Struer (oeste de Dinamarca); desde 2015, el Sr. Merrild es presidente del Copa, la organización agrícola europea, que representa a 23 millones de agricultores en toda la UE. Es también presidente del Consejo Danés de Agricultura y Alimentación. Este artículo de Opinión se ha publicado en el marco del congreso bienal del Copa y de la Cogeca, la voz unida de los agricultores y sus cooperativas en la UE, que tuvo lugar los 5 y 6 de octubre en Atenas, Grecia.