02/09/2026 |Olivar , Artículos de opinión

El futuro del aceite de oliva español también se juega en la comercialización

  • Por Ángel Villafranca, presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España.

El proceso de venta de Deoleo, empresa líder y propietaria de marcas tan emblemáticas como Carbonell, Koipe, Hojiblanca y Bertolli, está provocando movimientos entre los principales operadores de aceite de oliva y puede tener importantes consecuencias en el futuro de la comercialización.

En torno a esta operación compiten fundamentalmente dos proyectos empresariales de gran relevancia, por un lado, Dcoop, el mayor operador cooperativo español y mundial en aceite de oliva, y por otro, uno de los principales grupos aceiteros italianos (Coricelli).

Desde Cooperativas Agro-alimentarias de España quiero expresar el apoyo al mensaje trasladado recientemente por nuestra federación andaluza que defiende decididamente que este proceso culminara con la adquisición de Deoleo por parte de Dcoop.

Sin ánimo de repetir los argumentos expuestos por Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, cuya lectura recomiendo, me gustaría, como presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España, ahondar en la importancia estratégica que esta operación puede tener no solo para el aceite de oliva español, sino para el conjunto de nuestro sector agroalimentario y su posición en los mercados internacionales.

España es, objetivamente, el líder mundial absoluto en la producción de aceite de oliva, y desempeña un papel clave en el abastecimiento de los mercados nacionales e internacionales. Aproximadamente el 70% de esta producción está en manos de las cooperativas agroalimentarias. Por tanto, las cooperativas somos actores centrales de este sector y de su futuro.

Hace años que España ya no solo lidera la producción, también ha avanzado en la cadena de valor. Hemos mejorado los modelos de cultivo, impulsado la internacionalización, innovado, apostado por la calidad del producto, y trabajado para mejorar la imagen de nuestro aceite de oliva. También hemos sabido adaptarnos a los cambios que ha ido marcando el mercado con un objetivo claro, acercarnos al consumidor, ofrecerle el mejor aceite de oliva y conseguir que una parte cada vez mayor del valor generado a lo largo de la cadena llegue a quienes lo producen.

Estos objetivos han inspirado y guiado la acción empresarial de las cooperativas y uno de sus mejores ejemplos es precisamente el proyecto de integración empresarial cooperativa de Dcoop.

Por eso es importante explicar por qué esta operación debería culminar con una empresa cooperativa española como Dcoop tomando las riendas de Deoleo. Hay muchas razones de peso, pero me gustaría centrarme fundamentalmente en tres.

La primera razón es la oportunidad de acercar a los productores una mayor parte del valor generado en la comercialización.

Y conviene aclarar algo desde el principio, esto no debería plantearse como una batalla entre el aceite italiano y el español. Es muy importante insistir en este mensaje y evitar el clásico debate entre países, porque estamos en un mercado europeo y porque ese enfoque reduccionista evita la verdadera cuestión, qué estrategia empresarial y qué modelo generan un mayor beneficio para el sector productivo.

Los dos proyectos empresariales que compiten no son iguales.

Un grupo cooperativo integra la producción y la comercialización y tiene la capacidad de trasladar, a lo largo de toda la cadena, tanto el valor generado en el mercado como las necesidades del consumidor.

El otro modelo empresarial puede plantear, legítimamente, una estrategia de abastecimiento industrial, que cuente o no con la producción española en función de las circunstancias y de la situación de mercado.

La diferencia es relevante.

Si España lidera la producción mundial de aceite de oliva, es razonable aspirar también a liderar su comercialización y a que el valor generado permanezca en nuestro país y llegue al territorio y a las personas que lo producen.

La segunda razón tiene que ver con la estructura del sector y el funcionamiento de los mercados. Acercar la producción a la comercialización contribuye a estructurar el sector y a mejorar su funcionamiento.

La producción de aceite de oliva está sometida a importantes oscilaciones productivas y sufre cada vez con mayor intensidad los efectos del cambio climático. Esta situación genera episodios de tensión, especulación y asimetrías en el funcionamiento del mercado, con unos precios que impactan de manera muy dispar en la rentabilidad de las explotaciones en función de su dimensión, del modelo productivo y, por supuesto, del acceso al agua.

En paralelo, el control de la calidad y su trazabilidad son clave para segmentar un mercado donde se adecúe el tipo de aceite a su cotización, es decir, para evitar el fraude y un falseamiento del mercado donde las mezclas fraudulentas dañan el valor y la imagen del propio producto al consumidor.

No existen varitas mágicas para resolver estas cuestiones, pero sí una forma más adecuada de abordarlo que tenga en cuenta todos los eslabones de la cadena.

El modelo cooperativo busca la solución más equilibrada para la sostenibilidad de la producción, la actividad industrial y la comercialización. Es un modelo que sirve de paraguas para todo tipo de estructuras productivas, no limitándose a las decisiones a corto plazo que nos lleva un mercado que tiende a la especulación y al corto plazo.

La tercera razón trasciende al propio sector. El aceite de oliva es la imagen de España en el exterior, y el gobierno y las CCAA deberían favorecer el mejor resultado para el sector y para el país.

El aceite de oliva ocupa un lugar destacado en muchas de las campañas de promoción de Alimentos de España. No es, obviamente, el único producto, pero es la referencia y abre muchas puertas a otros muchos, a nuestra gastronomía, cultura e imagen de país. Liderar la comercialización del aceite de oliva es también apostar por la imagen país y la oportunidad de transmitir el valor del comercio internacional a la producción.

Por todo ello, no solo creo que sea una gran oportunidad para el sector del aceite de oliva español que Dcoop tome las riendas de Deleo, sino que debería haber un apoyo institucional decidido, del Gobierno y de las CCAA, porque olivar hay en toda España.

Este apoyo es fundamental para configurar el futuro y su sostenibilidad económica y productiva, no solo se trata de la bandera nacional de las empresas que compiten, el modelo empresarial, la transmisión del valor y la forma de cómo impacta la actividad económica en el territorio importan y mucho.

Vivimos momentos de incertidumbre donde no podemos dejar de pasar estas oportunidades para seguir trabajando por el liderazgo del sector español, no solo en imagen, sino en valor hacia nuestra comunidad y los productores y productoras, en su gran mayoría socios de una cooperativa.