13/10/2026 |Artículos de opinión

La rentabilidad, garantía de futuro para nuestra alimentación

  • Por Gabriel Trenzado, director general de Cooperativas Agro alimentarias de España.

La convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre abre un intenso ciclo electoral que continuará en 2027, con las elecciones municipales y autonómicas en España y diversas citas electorales en países de la Unión Europea, como Francia, Italia, Grecia o Alemania.

Las elecciones marcan el ritmo legislativo y condicionan la acción de los gobiernos, pero la realidad económica y social sigue su curso, ajena a los calendarios políticos. La configuración del nuevo Gobierno deberá tener muy presentes los desafíos que afrontan nuestro sector y nuestras cooperativas.
La incertidumbre geopolítica y los conflictos internacionales están teniendo un impacto cada vez mayor sobre los productores y sus cooperativas. Las necesarias medidas urgentes en materia energética y de fertilizantes contribuyen a aliviar la situación, pero resultarán insuficientes si las tensiones se prolongan en el tiempo. Mientras tanto, nuestras cooperativas, gracias a su gestión y al esfuerzo colectivo, están absorbiendo buena parte del incremento de los costes de producción que soportan sus socios y socias, al tiempo que observan con preocupación la falta de rentabilidad de numerosas explotaciones.

Sin embargo, buena parte del debate público, tanto en las administraciones como en la sociedad y los medios de comunicación, se centra en el precio de la cesta de la compra y en la evolución de la inflación. Una preocupación legítima, pero que no siempre va acompañada de un análisis suficientemente profundo de sus causas.

Cuando los precios de los alimentos aumentan y la presión sobre las economías familiares se intensifica, el debate suele orientarse hacia soluciones inmediatas, como la limitación de precios por decreto o propuestas de supermercados públicos. Sin embargo, estas medidas difícilmente resolverán los problemas de fondo si no se comprenden los factores estructurales que determinan el funcionamiento de la cadena alimentaria y las relaciones entre sus distintos eslabones.

En primer lugar, debemos recordar que el sector productor viene soportando un incremento estructural de los costes energéticos, cercano al 30 % desde la pandemia, que en muchos productos no ha podido trasladarse a los precios de venta. La capacidad de repercutir estos incrementos depende de la organización de la cadena, de la posición de sus distintos operadores y del equilibrio de las relaciones comerciales. Todo ello en un contexto en el que la inflación alimentaria ha adquirido un protagonismo creciente durante los últimos años.

Pero existe un segundo factor que debería preocuparnos todavía más: ¿qué ocurrirá con los precios de los alimentos si disminuye la producción?

La falta de rentabilidad de numerosas explotaciones, unida al fuerte incremento de los costes energéticos y de los fertilizantes, amenaza con reducir la capacidad productiva en España durante el próximo año. Si a ello añadimos la pérdida de productores sin relevo generacional, el abandono de tierras cuya continuidad resulta cada vez menos atractiva y los efectos del cambio climático sobre los rendimientos, nos encontramos ante un escenario que puede comprometer la disponibilidad de alimentos y ejercer una presión adicional sobre sus precios.

La experiencia nos demuestra que, cuando se reduce la oferta y aparece la percepción de escasez, pueden producirse tensiones especulativas y movimientos de precios desproporcionados. Por eso, limitar el análisis de la inflación alimentaria a lo que sucede en el lineal del supermercado supone ignorar una parte fundamental del problema: lo que ocurre antes, en el campo, en las explotaciones y a lo largo de toda la cadena.

Desde Cooperativas Agro-alimentarias de España insistimos, una y otra vez, ante las instituciones y la sociedad en que apoyar la rentabilidad de los productores no es únicamente una cuestión sectorial, sino una necesidad estratégica para garantizar el abastecimiento alimentario y el acceso a los alimentos, especialmente para los hogares con menos recursos y en momentos de incertidumbre internacional.

Las ayudas al sector productor deben entenderse también desde esta perspectiva, como instrumentos para preservar la capacidad productiva, evitar el abandono de explotaciones y contribuir a la estabilidad del suministro alimentario. Porque, aunque no podamos controlar los acontecimientos internacionales, sí podemos actuar sobre nuestra capacidad para afrontar sus consecuencias.

Y es precisamente ahí donde las cooperativas tenemos un papel decisivo.

Con esa mirada de futuro, Cooperativas Agro-alimentarias de España, junto con COGECA, la organización que representa a las cooperativas agrarias en la Unión Europea, hemos organizado un foro empresarial que se celebrará en Almería los próximos 9 y 10 de noviembre. Una cita que reunirá a cooperativas europeas con el objetivo de fortalecer sus relaciones, identificar oportunidades de colaboración e impulsar una mayor integración en el mercado comunitario.

Queremos conocernos mejor, compartir experiencias y explorar nuevas oportunidades de crecimiento y creación de valor. Pero también queremos reivindicar la importancia del proyecto europeo, especialmente en un momento en el que se cuestionan algunos de sus fundamentos.

No podemos dar por supuesto el valor de la Unión Europea ni olvidar lo que representa para nuestras cooperativas, un mercado común, unas reglas compartidas y un espacio de colaboración que amplía nuestras oportunidades y refuerza nuestra capacidad para competir. En un contexto en el que una parte de la ciudadanía europea cuestiona el proyecto comunitario, conviene preguntarse qué alternativas reales existen y qué ventajas podrían ofrecer frente a la integración que hemos construido durante décadas.

Para nuestras cooperativas, fortalecer la Unión Europea significa también fortalecer nuestra capacidad de respuesta ante los desafíos globales. La integración, la intercooperación y la dimensión empresarial son herramientas imprescindibles para ganar competitividad, generar valor y ofrecer mejores oportunidades a nuestros socios y socias.

Quiero terminar agradeciendo la implicación de las cooperativas adheridas a la marca 'Producto Cooperativo', tras una primera campaña de promoción que ha conseguido un importante impacto y que nos anima a seguir avanzando. Somos conscientes de que se trata de un proyecto a largo plazo, que debemos construir sin prisa, pero sin pausa, sumando cooperativas y acercando a los consumidores el valor de nuestro modelo empresarial.

Con este sello queremos transmitir a la sociedad que las cooperativas somos mucho más que empresas que producen y comercializan alimentos. Somos instrumentos indispensables para el presente y el futuro de la producción alimentaria en España, para la gestión sostenible de nuestro territorio y para el mantenimiento de la actividad económica y social en el medio rural.

Y, sobre todo, somos una herramienta colectiva para garantizar la rentabilidad de las explotaciones y ofrecer un proyecto de vida digno a las familias socias y a las comunidades que las rodean.

Porque defender el futuro de nuestras cooperativas es también defender el futuro de nuestra alimentación y de nuestros territorios.

Este artículo se ha publicado como editorial de la revista nº 71 de Cooperativas Agro-alimentarias de España (julio-septiembre 2026).