29/09/2026 |Cooperativismo

Las cooperativas convierten la lucha contra el desperdicio alimentario en innovación, solidaridad y economía circular

  • Con motivo del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, Cooperativas Agro-alimentarias de España pone en valor algunas de las iniciativas impulsadas durante el último año por cooperativas de distintos sectores y territorios para prevenir pérdidas, aprovechar excedentes, redistribuir alimentos y generar nuevos productos y recursos.

Cada 29 de septiembre se celebra el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, promovido por la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. En 2026, la jornada se centra en el potencial transformador de reducir las pérdidas y el desperdicio alimentario, una actuación que contribuye simultáneamente a mejorar la seguridad alimentaria, reducir la presión sobre los recursos naturales y las emisiones y aumentar la productividad y el crecimiento económico.

Las cooperativas agroalimentarias desempeñan un papel especialmente relevante en este reto. Su presencia desde el origen de la cadena les permite trabajar directamente con agricultores y ganaderos para mejorar la planificación, el almacenamiento y la comercialización de las producciones y, cuando se generan excedentes, buscar alternativas que permitan mantener su valor.

Innovación, redistribución, transformación y economía circular son algunas de las vías que están desarrollando actualmente cooperativas de diferentes sectores y comunidades autónomas.

Prevenir el desperdicio antes de que se produzca

La innovación permite encontrar nuevas salidas para producciones que, aun manteniendo su calidad, pueden tener dificultades para llegar al mercado.

Es el objetivo de DETOSOX, un proyecto puesto en marcha en julio de 2026 en la Sierra Oeste de Madrid en el que participa la Unión de Cooperativas Agrarias Madrileñas (UCAM) junto con IMIDRA, UPA Madrid y ADI Sierra Oeste. Durante los próximos tres años, el proyecto estudiará la transformación de excedentes de uva, mosto y hortalizas en nuevos alimentos saludables de alto valor añadido. La iniciativa pretende reducir el desperdicio alimentario, pero también mejorar la rentabilidad de las explotaciones y generar nuevas oportunidades para agricultores, cooperativas y bodegas del territorio.

La cooperativa vizcaína Garaia, premio innovación Cooperativas Agro-alimentarias de España, está utilizando la innovación para abordar este problema. Entre los proyectos que desarrolla figura ArgIA, orientado a reducir el desperdicio dentro de su producción hortícola. Los resultados presentados por la cooperativa señalan una reducción del desperdicio alimentario hasta situarlo por debajo del 10%, dentro de una estrategia más amplia de digitalización, inteligencia artificial y sostenibilidad aplicada al campo.

También en el sector hortofrutícola, Anecoop participa en iniciativas para la valorización de subproductos mediante nuevas tecnologías capaces de obtener ingredientes funcionales y compuestos de alto valor añadido. El objetivo es doble: evitar que recursos aprovechables terminen convirtiéndose en residuos y abrir nuevas posibilidades económicas para las cooperativas hortofrutícolas.

En Cataluña, diferentes cooperativas están colaborando con la Fundació Espigoladors para recuperar productos que quedan en el campo o que no encuentran salida comercial. La organización trabaja mediante el espigueo, la redistribución y la transformación de frutas y verduras descartadas, y mantiene iniciativas en las que participan cooperativas como Conca de la Tordera y Hortec. También impulsa la marca social es im-perfect, que transforma frutas y hortalizas de proximidad descartadas por imperfecciones estéticas, excedentes o caídas de precio en mermeladas, cremas y patés vegetales.

La colaboración entre la Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya (FCAC) y Espigoladors permite además que productos que permanecen en las explotaciones después de la cosecha puedan ser recuperados con autorización de los agricultores y destinados al consumo, evitando que alimentos perfectamente aprovechables se queden en el campo.

Estos proyectos muestran cómo la lucha contra el desperdicio puede comenzar mucho antes de que un alimento sea descartado: mediante investigación, tecnología y búsqueda de nuevos usos y mercados.

La dimensión social: producir para alimentar, no para desperdiciar

Cuando los alimentos siguen siendo perfectamente aptos para el consumo humano, su redistribución constituye otra herramienta fundamental.

Durante 2025, Grupo AN realizó 165 retiradas de producto fresco en colaboración con 24 Bancos de Alimentos, que permitieron distribuir 752.580 kilos de fruta, principalmente ciruelas, manzanas, melocotones, nectarinas y peras. A ello se sumaron más de 20.400 unidades de conservas de la marca Dantza destinadas a entidades sociales. La cooperativa mantiene acuerdos que permiten organizar la logística y garantizar que los excedentes aprovechables tengan prioritariamente un destino para consumo humano. Esta colaboración facilita además que las personas atendidas por los Bancos de Alimentos puedan acceder regularmente a fruta fresca.

La cooperativa combina esta redistribución con acciones de sensibilización e innovación. Entre ellas figura el taller RestoZero, desarrollado con la Universidad Pública de Navarra y la Fundación Ilundain, en el que estudiantes trabajaron en recetas y soluciones de “desperdicio cero” utilizando productos del Grupo AN.

En Andalucía, Agrosevilla y el Banco de Alimentos de Sevilla firmaron el pasado mes de julio un convenio para reforzar conjuntamente la lucha contra el hambre, la pobreza y el desperdicio alimentario. Como primera actuación del acuerdo, Agrosevilla realizó una donación de 8.100 kilos de alimentos, valorados en más de 40.000 euros. La iniciativa permite que productos en perfectas condiciones lleguen a personas que los necesitan y se integra en el compromiso de la cooperativa con los principios de la economía circular.

Estas alianzas muestran que la reducción del desperdicio alimentario tiene también una dimensión social: permiten que productos frescos y nutritivos que no van a comercializarse puedan llegar a familias que los necesitan, evitando al mismo tiempo que se pierda el esfuerzo de los agricultores que los han producido.

Aprovechar hasta el último recurso

El desperdicio alimentario no es únicamente un problema ambiental. Cada alimento que se pierde representa también tierra, agua, energía, trabajo, transporte e inversiones que no llegan a cumplir el objetivo para el que fueron destinados. Cuando el aprovechamiento para alimentación humana ya no es posible, las cooperativas también están desarrollando modelos de economía circular capaces de convertir subproductos en nuevos recursos.

En el sector ganadero, COVAP, en el Valle de Los Pedroches, trabaja en un modelo que recupera residuos y subproductos orgánicos para transformarlos en piensos y harinas para alimentación animal, fertilizantes o energía mediante biogás.

En el olivar, Dcoop cuenta con una sección específica dedicada al aprovechamiento del orujo y los subproductos. Según su Informe Anual de Sostenibilidad, aproximadamente un 80% del peso de la aceituna procesada queda en forma de alperujo u orujo graso húmedo tras la extracción del aceite. Su tratamiento permite recuperar nuevos recursos, entre ellos biomasa procedente del hueso de aceituna y el orujillo, cerrando el ciclo productivo del olivar.

Cooperar también significa aprovechar mejor

Prevenir el desperdicio alimentario exige actuar en todos los eslabones de la cadena: planificar mejor la producción, perfeccionar el almacenamiento y la logística, encontrar nuevos mercados y formatos, transformar alimentos, redistribuir excedentes y, cuando el consumo humano ya no es posible, aprovechar los subproductos.

El modelo cooperativo aporta una ventaja especialmente relevante: su capacidad para coordinar a numerosos agricultores y ganaderos, concentrar y ordenar la producción, compartir instalaciones e inversiones y desarrollar proyectos de innovación de manera colectiva. Esa capacidad permite abordar las pérdidas desde el origen y encontrar soluciones que difícilmente podrían ponerse en marcha de forma individual.

En este 29 de septiembre, Cooperativas Agro-alimentarias de España quiere poner en valor el trabajo que realizan cooperativas de todo el territorio para conseguir que los alimentos y los recursos empleados para producirlos se aprovechen al máximo.

Porque luchar contra el desperdicio no consiste únicamente en gestionar mejor aquello que sobra. Consiste, sobre todo, en evitar que se pierda el valor económico, social y ambiental que hay detrás de cada alimento producido.

Porque aprovechar mejor los alimentos significa también valorar el trabajo de las personas que los producen y proteger los recursos necesarios para hacerlo.