- Por Cirilo Arnandis Núñez, presidente de Cooperatives Agro-alimentàries de la Comunitat Valenciana.
Cooperatives Agro-alimentàries de la Comunitat Valenciana celebró en 2025 su 40º aniversario. Cuatro décadas acompañando al cooperativismo agroalimentario valenciano en un proceso continuo de transformación, crecimiento y adaptación.
Desde su creación, nuestra organización ha sido una herramienta de representación y de apoyo técnico para las cooperativas. Un espacio desde el que construir y proyectar una visión compartida, defender intereses comunes y reforzar con ello la vigencia y validez de un modelo empresarial profundamente arraigado en nuestro territorio.
Es innegable que tenemos una gran responsabilidad. Hoy en día, 333 cooperativas desarrollan su actividad en la Comunitat Valenciana, facturando de forma agregada más de 2.414 millones de euros. Aglutinan alrededor de 179.000 socios y mantienen más de 16.700 empleos directos, convirtiéndose en agentes clave para la vertebración del territorio y el desarrollo armónico del medio rural.
El cooperativismo ha demostrado ser una herramienta eficaz para generar valor, profesionalizar la gestión y reforzar la posición de los agricultores en la cadena agroalimentaria. Desde este punto de partida, la celebración de nuestro 40º aniversario se ha convertido en una invitación a reflexionar sobre el papel que las cooperativas han desempeñado —y deben seguir desempeñando— en el futuro de la agricultura de nuestra región.
Con este fin, nuestra organización impulsó la celebración de un Congreso, que se celebró los pasados 30 y 31 de octubre en València, bajo el lema “Cooperativas: hacia una agricultura rentable, sostenible y digital”. La cita puso de manifiesto que el cooperativismo valenciano cuenta con importantes fortalezas, pero también que se enfrenta a desafíos que no podemos ignorar. A través de ponencias y mesas redondas abordamos cuestiones como la gobernanza cooperativa, la incorporación de jóvenes, la igualdad, la innovación, la digitalización o la sostenibilidad. Todos estos ámbitos están ciertamente interrelacionados y exigen el impulso de una visión estratégica global en nuestras cooperativas, que combine la fidelidad a nuestros principios y valores con la capacidad de adaptación a un entorno en constante cambio.
Una de las conclusiones más claras del Congreso fue la necesidad de reforzar la gobernanza de nuestras cooperativas. Gobernar implica tomar decisiones en entornos complejos, con mercados volátiles, exigencias normativas crecientes y cambios sociales profundos. La buena gobernanza requiere liderazgo, transparencia y proactividad. Pero, por encima de todo, exige entender que las cooperativas no pueden permanecer inmóviles si quieren seguir siendo útiles a sus socios, porque quedarse quietos significa en realidad retroceder.
Esa proactividad es imprescindible para hacer frente a otro de nuestros grandes retos, el relevo generacional. A decir verdad, ha dejado de ser un desafío exclusivo del sector agrario para convertirse en un fenómeno transversal que afecta al conjunto de la economía y de la sociedad. Sin embargo, es en la agricultura donde este problema se manifiesta con mayor intensidad y urgencia. La elevada edad media de los titulares de explotación, la incertidumbre de los ingresos y el creciente nivel de exigencias normativas hacen que la incorporación de jóvenes resulte especialmente compleja.
El cooperativismo nació para dar respuestas colectivas a problemas individuales. Por eso, nuestras cooperativas deben ser espacios donde las nuevas generaciones encuentren oportunidades reales, no solo como productores, sino también como profesionales de la gestión, impulsando la innovación y el progreso tecnológico. Así, incorporar jóvenes es una condición clave para renovar ideas, liderazgos y formas de trabajar.
El Congreso también incidió en la importancia que tiene la integración de la innovación y la digitalización como herramientas estratégicas. La adopción de la tecnología —desde la gestión de datos hasta la inteligencia artificial— no debe verse como un fin en sí mismo, sino como un medio para mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y la rentabilidad de las explotaciones. El cooperativismo valenciano ha demostrado capacidad para incorporar estas herramientas, pero el reto ahora es hacerlo de manera inclusiva, asegurando que nadie quede atrás y que la tecnología esté siempre al servicio de las personas.
En el ámbito de la sostenibilidad, las conclusiones del Congreso reforzaron una idea que el cooperativismo valenciano ha defendido históricamente: no hay sostenibilidad ambiental sin sostenibilidad económica y social. Las cooperativas somos actores clave para avanzar hacia modelos productivos más equilibrados. Sin embargo, nuestro compromiso debe ir acompañado de políticas públicas coherentes y de marcos normativos que reconozcan el esfuerzo real que realizan los agricultores.
Todas estas reflexiones enlazan de forma natural con la relevancia del 40º aniversario y que visualizaremos ante la sociedad valenciana a través de diferentes acciones durante este año 2026. El cooperativismo valenciano ha sabido evolucionar durante cuatro décadas sin perder sus valores fundamentales: la solidaridad, la participación y el compromiso con el territorio. Sin embargo, nuestra mirada debe dirigirse hacia el futuro, ya que los próximos años exigirán todavía más cooperación, más profesionalización y más capacidad de adaptación.
Por ello, desde Cooperatives Agro-alimentàries de la Comunitat Valenciana seguiremos impulsando a nuestras cooperativas, ayudándoles a afrontar los cambios con ambición y a reforzar su papel como motor de transformación de la agricultura valenciana.
Este artículo de opinión se publicó en el número 68 de la Revista de Cooperativas Agro-alimentarias de España (octubre-diciembre 2025).
