- Conscientes de la magnitud del desafío, desde Cooperativas Agro-alimentarias de España estamos impulsando diversas iniciativas orientadas tanto a comprender mejor el problema como a articular soluciones realistas.
La falta de mano de obra se ha consolidado como una de las principales preocupaciones del sector agroalimentario en España. De hecho, es, junto con el relevo generacional, el principal reto que afecta a la sostenibilidad social del sector agroalimentario. Se trata de un desafío altamente horizontal, y aunque pueda resultar más patente a nivel de explotación, también es común al eslabón industrial y al comercializador y, por tanto, afecta de forma importante a nuestras cooperativas agroalimentarias como jugadores clave del mercado agroalimentario español y europeo. Por tanto, es un reto transversal que condiciona la capacidad productiva, la competitividad y, en última instancia, la propia viabilidad y sostenibilidad del medio rural.
Para abordar su complejidad, en primer lugar, hay que analizar qué dependencia tiene nuestro sector de la mano de obra, y cómo ha evolucionado ésta en los últimos años. En este sentido, y como refleja el reciente informe “Sector agroalimentario y trabajo. Una relación en transformación” elaborado por CAJAMAR, los datos son contundentes: la asalarización es ya un fenómeno masivo. La agricultura española ha pasado de tener tres ocupados familiares por cada asalariado a mediados de los años setenta, a contar con dos asalariados por cada agricultor familiar en la actualidad. Esta transformación, con un descenso notable de la importancia relativa de la mano de obra familiar (y titular), dibujan una nueva relación de dependencia cada vez más intensa de la disponibilidad de mano de obra cualificada. Esta situación no es exclusiva de nuestro país, siendo también una de las principales conclusiones del trabajo “Una agricultura sin agricultores”, escrito por Bertrand Hervieu y François Purseigle en 2022, y editado al español en 2024 también por CAJAMAR; en el que se reflexiona sobre los cambios estructurales y sociales que atraviesa el sector agroalimentario en Francia.
El peso creciente del empleo asalariado confirma la dependencia del sector respecto a una mano de obra que, sin embargo, se enfrenta a crecientes dificultades de disponibilidad. Este reto es doble para las cooperativas agroalimentarias, que emplean de forma directa en nuestro país a más de 122.000 personas, y que procuran también un mejor abordaje de este reto en las explotaciones de sus socios. Estas cifras nos dan una idea del impacto económico y social del desafío, y de la relevancia de abordarlo de manera prioritaria, urgente y estratégica.
No es sencillo hacer un diagnóstico único del origen de la escasez de mano de obra en nuestro sector. Podemos concluir que se trata de un reto complejo, un problema multifactorial para el que sí podemos identificar algunas motivaciones estructurales y coyunturales:
- Escaso interés general de los trabajadores por el medio rural, con expectativas laborales más orientadas al entorno urbano, y que identifican como principales barreras de asentamiento en el medio rural la falta de servicios básicos, menor dinamismo económico y social, una oferta limitada de ocio e incluso dificultades para acceder a la vivienda.
- Falta de conocimiento e interés sobre la agricultura y ganadería como sectores económicos atractivos o prestigiosos para el desarrollo profesional y personal. En este punto resulta determinante el discurso pesimista sobre la rentabilidad y la calidad de vida, enarbolado en muchas ocasiones desde el propio sector. Estos mensajes han espantado incluso el relevo generacional familiar en las explotaciones, por lo que no es de extrañar que también hayan afectado a la capacidad de captar mano de obra.
- En términos generales, existe un escaso interés de las ofertas laborales existentes para los potenciales trabajadores. El mencionado informe de CAJAMAR sobre Sector Agroalimentario y Trabajo indica que el sector primario español es un 57,9 % más productivo que la media de la UE-27. Esta diferencia positiva, que lo sitúa como el país más competitivo en agricultura y pesca (53 % superior a la media de la UE-27), concluye que existe un margen significativo para incrementar la remuneración media de los trabajadores (actualmente 29 % inferior al de la UE-27) sin comprometer la competitividad.
- La ausencia de relevo generacional en la agricultura implica en muchas ocasiones la persistencia de explotaciones pequeñas y envejecidas, con bajos niveles de modernización y menor capacidad de atracción para nuevos perfiles profesionales.
- Una todavía limitada implantación de la digitalización y la innovación reduce el atractivo potencial del sector para trabajadores con mayor preparación técnica.
- Importante relación entre el trabajo en el sector agrario y la población migrante. Según el citado informe de CAJAMAR, el 28 % del empleo agrario afiliado a la Seguridad Social es extranjero, con provincias como Almería (70 %) y Lleida (81 %) que muestran una alta dependencia de este tipo de población. A pesar de que la simbiosis es necesaria y evidente, persisten múltiples barreras administrativas y una falta de actualización normativa que dificultan la inserción sociolaboral de los migrantes, generándose situaciones indeseadas de vulnerabilidad e irregularidad.
- El predominio de empleos de baja cualificación y especialmente de alta temporalidad dificulta que los trabajadores puedan iniciar y consolidar un proyecto de vida en el medio rural, lo que reduce su atractivo en comparación con otros sectores económicos.
Todos estos elementos, entre otros muchos, configuran un escenario complejo y multifactorial, que requiere de respuestas y estrategias colectivas, innovadoras y coordinadas.
Conscientes de la magnitud del desafío, desde Cooperativas Agro-alimentarias de España estamos impulsando diversas iniciativas orientadas tanto a comprender mejor el problema como a articular soluciones realistas que puedan ayudar a nuestras cooperativas y a sus asociados a sobrellevar mejor este reto:
- Creación de un Grupo de Trabajo interno sobre Mano de Obra, un espacio para identificar necesidades comunes, compartir experiencias de éxito y diseñar líneas de actuación conjuntas a nivel cooperativo.
- En colaboración con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, puesta en marcha de iniciativas piloto de inserción sociolaboral de personas migrantes en régimen de protección internacional en cooperativas y explotaciones asociadas. Estos proyectos, todavía incipientes y en vías de expansión, pueden constituir una herramienta más para ampliar y estabilizar los flujos de mano de obra en nuestro sector, a la vez que se cumple con un propósito de inserción social de personas refugiadas.
- Estudio y exploración de convenios con entidades implicadas en la contratación en origen y en la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social, explorando modelos que aporten garantías y faciliten la incorporación de trabajadores en campañas agrícolas.
- Apoyo y acompañamiento a proyectos de contratación en origen, entre ellos programas como Wafira I y II, que buscan combinar las necesidades laborales del sector con oportunidades de empleo dignas que aporten algo más que un mero puesto de trabajo a las personas participantes.
- Fomentar la conformación de ecosistemas institucionales en los que coexistan entidades públicas, sector privado y entidades del tercer sector que promuevan estrategias de inserción laboral en el sector agroalimentario, incluyendo medidas transversales encaminadas al desarrollo de competencias básicas y al acceso a formación.
La falta de mano de obra no es solo una cuestión operativa: es un desafío de país que afecta a muchos sectores económicos, pero especialmente al sector agroalimentario y al medio rural, que llevan sufriendo un éxodo rural incesante desde hace décadas y que ahora empezamos a ver sus costuras. Un problema que afecta al relevo generacional, a la cohesión territorial y al futuro del sector. Las cooperativas, por su dimensión social y su capacidad de articulación en el territorio, están en una posición estratégica para liderar soluciones conjuntas que compatibilicen competitividad, calidad del empleo e integración social.
Afrontar este reto con ambición y perspectiva será esencial para garantizar que las cooperativas sigan siendo competitivas en el sector y motor de desarrollo y estabilidad en los territorios rurales de España.
FOTOGRAFÍA: El proyecto Wafira tiene como protagonistas a mujeres marroquíes que cada año vienen a España a la recogida de la fresa y de los frutos rojos.
Este artículo se ha publicado en el número 68 de la Revista de Cooperativas Agro-alimentarias de España (octubre-diciembre 2025).
