Las organizaciones de las cooperativas hortofrutícolas de los principales países productores han incidido en su principal demanda: el mantenimiento y refuerzo de la que consideran es la herramienta más eficaz de la PAC, los Programas Operativos (PO) que gestionan las Organizaciones de Productores de frutas y hortalizas (OPFH), la mayoría de base cooperativa.
Representantes de más de 1.300 cooperativas de Bélgica, Francia, Italia, Portugal y España se han reunido con eurodiputados implicados en la negociación de la nueva PAC, actualmente en fase de análisis y enmiendas tras la propuesta presentada por la Comisión Europea en julio de 2025. Su principal advertencia es clara: cualquier debilitamiento de estos instrumentos pondría en riesgo la competitividad del sector.
En un documento de posición conjunto, las organizaciones alertan de los efectos de una reforma que, además de contemplar recortes presupuestarios, podría diluir el carácter común de la política agraria europea. Frente a ello, defienden preservar un modelo que, durante décadas, ha contribuido a estructurar y concentrar la oferta, reforzar la posición del agricultor en la cadena alimentaria y mejorar la calidad, la innovación y la sostenibilidad de la producción.
El presidente del Consejo Sectorial de Frutas y Hortalizas de Cooperativas Agro-alimentarias de España, Juan Antonio González, ha destacado: “Lo que durante 30 años ha demostrado ser un caso de éxito no puede debilitarse. Extender este modelo a otros sectores no debe suponer que las reglas de los programas operativos dejen de ser comunes para toda la UE, ni que se desvirtúe su funcionamiento”.
Uno de los puntos que más preocupa al sector es el cambio en la financiación. Según la propuesta actual, a partir de 2028 los Programas Operativos dejarían de contar con un presupuesto específico y garantizado, pasando a depender del “presupuesto blindado” de la PAC y de la cofinanciación de los Estados miembro a través de sus futuros “Planes Nacionales y Regionales”. Los profesionales han instado tanto a las instituciones europeas como a las administraciones nacionales a blindar, en el diseño de la futura PAC y su financiación, aquellos instrumentos que han demostrado mayor eficacia, como los Programas Operativos del sector hortofrutícola. Subrayan que se trata de una herramienta con un coste reducido en comparación con el peso económico, social y medioambiental del sector, cuya financiación además se duplica gracias a la aportación del propio productor. A ello se suma que fomentan la acción colectiva de los agricultores y, al tratarse de fondos finalistas, garantizan que las ayudas se reinviertan directamente en el propio sector, amplificando su impacto positivo.
Para las cooperativas, este giro introduce incertidumbre en un contexto ya complejo. Denuncian una creciente presión de las importaciones de terceros países, el aumento de los costes de producción, mayores exigencias regulatorias y una demanda cada vez más concentrada que reduce el poder de negociación de los productores.
Ante este escenario, el sector reclama reforzar el apoyo público a las organizaciones de productores, entendidas como empresas de comercialización, controladas por sus socios productores, bien dimensionadas y con medios materiales y humanos suficientes para cumplir con sus objetivos eficazmente en beneficio de los agricultores y para garantizar al consumidor europeo el suministro estable de productos seguros y saludables.
Además, a corto plazo, las cooperativas piden claridad sobre las disposiciones transitorias que permitan finalizar, más allá de 2027, los programas operativos actualmente en curso bajo las condiciones en las que fueron aprobados.
Con este mensaje, el sector hortofrutícola europeo busca influir en una reforma decisiva para su futuro, insistiendo en que los instrumentos que han funcionado no solo deben mantenerse, sino salir reforzados.
